Thursday, October 22, 2015

[ Esperando ]

"Waiting in a sea of roses"
Joanne Kyger


"Sweetheart
when you break thru
you’ll find
a poet here
not quite what one would choose." 
Diane di Prima


Cuento el ascenso y el descenso de todas las lunas llenas como otros cuentan ovejas antes de irse a dormir. 


Les debo a todas esas mujeres el haber sobrevivido a los nueve meses más claroscuros de mi vida. Es decir, yo lo (y quien dice lo, dice te) quería, yo lo (y quien dice lo, dice te) buscaba, yo contaba los días y te invocaba ahí donde mi sangre dibujaba una bisectriz. Yo invocaba el milagro de los panes en el vientre, el milagro de los peces en mi pecho. Lo prometo: entonces yo ya murmuraba tu nombre en sueños. Pero a veces los milagros no bastan para iluminar los rincones oscuros. A veces los milagros no consiguen erradicar el miedo. Por eso les debo esto (y al decir esto me acaricio el vientre) a todas esas mujeres que me acompañaron en las horas más frías de la madrugada. 

*

Moyra Davey, Agustina Guerrero, Belén García Abia, Gabriela Wiener, Sharon Olds, Sylvia Plath, Annie Ernaux, Carme Riera, Blanca Riestra, María Ramos, Luna Miguel, Diane di Prima, Joanne Kyger, Anne Waldman, Adrienne Rich, Margaret Atwood, Jenn Díaz, Alicia Ostriker, Anne Sexton, Doris Lessing. A ellas, esto


En algún momento en estos (casi)nueve meses habrás sonreído. Habrás sonreído y yo me lo habré perdido. Pero habré sentido aletear un pájaro en el pecho.



Nos separa una dulce barrera: es tu vida, que palpita. Yo, de este lado, abro bien los ojos, persigo el movimiento de tus brazos, cuento los segundos entre cada ataque de hipo. ¿Qué sueñas al otro lado de la barrera? Pronto empezarás a buscar la salida. Llamarás a la puerta suavemente, te lanzarás de cabeza para salir del mar, para escaparle. Las olas se harán cada vez más grandes. Yo ya las siento petrificándome el vientre. Las olas se harán cada vez más fuertes, más insistentes, y no habrá marcha atrás: la muralla se habrá derruido y entre las ruinas nos reconoceremos, por vez primera, tú y yo. 













Tuesday, October 13, 2015

[ 02:15 AM ]


this live belly -  whose? - mine? 
Anne Waldman

Inspection

Souffle interieur

Expiration

Tout vient du ventre
Seb Gavignet

Pinchazos, calambres, dolores nuevos. De madrugada me pregunto por el lenguaje oculto de mi cuerpo. Acobardada por el silencio, inmóvil, escucho. Soy un río lleno de animales muertos que siguen la corriente. Soy un río de naves azules. Soy y me contraigo; soy y apenas existo. Mis vísceras vociferan reclamando el control absoluto. 


*

De madrugada todas las estrellas colman mis entrañas, hay un vientre que habla en mí. A punto de partirme en dos, a punto de parir-me, a punto de. Pero desconozco la hora y el día de nuestra cita; desconozco la intensidad del dolor: de Lo Que Me Espera lo desconozco Absolutamente Todo. 


*

¿Duermes o estás despierta? Sin ser, sin tu ser depositado en la orilla, soy río y caudal de agua tibia. Soy estos pinchazos y estos calambres que van en aumento, soy el desconcierto del animal que se esconde en un recoveco, y abre bien los ojos, y espera a que el dolor cuaje porque sabe que el dolor es la única salida. 

*

Vivo entre la impaciencia y el miedo. Me despierto cada mañana con tu balanceo, a veces me parece escucharte. Tormenta salvaje y nocturna, por la mañana los posos de tus sueños amnióticos duermen en mí

*

Desterrar la palabra miedo, desterrar la mente. Desnudarse, perderlo todo. Quedarse sólo con el vientre.

*

Sin haber estado antes tan cerca de la vida, nunca me había sentido tan cerca de la muerte. 

*

El hilo invisible del círculo -óvulo, soga, ombligo, cueva- se cierne sobre mí. 







[ L'initiation d'Elisabeth ]






La segunda historia transcurre a principios de los años noventa en Java, isla indonesia que mi amiga Elisabeth D. Inandiak - aventurera indomable (...) - había elegido como país de adopción. Casada con un artista de Yogyakarta, se había integrado completamente en la cultura del lugar, como siempre había hecho en todos y cada uno de los viajes que había hecho hasta entonces. Poco después de su llegada, descubrió que estaba embarazada, lo cual sorprendió a algunos de sus antiguos amigos, quienes no lograban imaginarse a la exploradora con un gran vientre. Eso era desconocer su verdadera naturaleza. Más tarde me diría: 

Dar a luz es una experiencia que no hubiera querido perderme ¡por nada del mundo! Portar en mí esta matriz, a la vez tan acaparadora -¡sangrar una vez al mes desde la pubertad! - y tan milagrosa para... ¿finalmente no servirme de ella? Ah, no, ¡eso hubiera sido una verdadera dimisión, un rechazo de la encarnación! 

Magali Dieux, Naître Enchantés





[ ECG]

tumbada sobre la cama del hospital,
contando tus latidos y pensando
que la última vez que conté latidos
fue por exceso de cocaína,
me alegra poder decir
-yo ya no me drogo
fue bonito drogarse, aunque no sé
si "bonito" es la palabra adecuada,
tampoco sé si es adecuado
acordarse de cuánta cocaína
en cuántos parques
con cuántos hombres
y luego el hospital, 
yo descalza sin sostén aterrada
sintiendo sólo frío y ruido.
tumbada sobre la cama de urgencias
me gustaría poder mentirte
y decirte que la primera vez
que vi un electrocardiograma
fue para contar tus latidos,
me gustaría mentirte y decirte
que drogarse es bonito
y que si lo haces los parques de noche
serán menos tenebrosos,
me gustaría mentirte y hablarte
de osos polares, sirenas y pingüinos,
me gustaría mentirte y decirte
que drogarse fue bonito,
pero tú ya estás aquí dentro
y es demasiado tarde
para hablarte de taquicardias ajenas
y de la actividad eléctrica de los corazones de otros,
tú lo sabes todo.

[ Pasillos blancos ]

Pasillos blancos, mujeres en bata, momentos de pánico. Empiezo a notar pequeños indicios corporales que me recuerdan que pronto estarás entre nosotros. Momentos de pánico cuando pienso en las cosas banales, las cosas físicas como el color de las paredes, el tamaño de tu cama, la cantidad de prendas de ropa y otras cosas sin importancia. 

Ahora estoy en casa, acaricio las sábanas de nuestra cama, le levanto, hago un café, hojeo un libro. Quemo una barrita de incienso, escribo algunas líneas en mi diario, hago como que traduzco cosas sumamente importantes que no pueden esperar. Pero la verdad es que nadie espera mis traducciones. Escribo cartas postales a los amigos que tengo repartidos por el mundo, aquellos amigos que hace unos meses cogieron aviones, trenes, buses y taxis para presenciar nuestra boda. Acaricio fotos antiguas y sobre todo, evito los libros de embarazo. Ahora estoy en casa, pero un día de estos, cuando empiecen los dolores (en francés lo llaman "le mal joli"; "el dolor bello") temo que todo sean prisas y listas, y tenga que despedirme del café y de nuestro incienso, de nuestra cama y de mis libros, de todas esas mujeres que estos últimos meses me han dado las fuerzas de seguir adelante sin obsesionarme por ser una buena madre, o no tener estrías, o decidir dejar de una vez por todas todas esas manías que sin duda me harán una madre indigna. 

Pronto podré acariciarte, tocarte, hablarte. Pronto dejaré de ser hija para convertirme en madre. 

Entretanto, hojeo libros, quemo barrigas de incienso, hago como que cocino, traduzco, leo, escribo. Todo eso para olvidar que aún no estás conmigo. 

Saturday, October 3, 2015

[ Prisioneros del lenguaje ]

Las distintas variaciones de una misma huida me han conducido todas hacia ti. Tú, la Lázaro, la embrión, la nasciturus. Ya lo dijo el poeta mientras se cerraban las puertas del autobús: "Parirás en Niza". El azar lo ha querido así. 


Mi vientre albergó un cigoto en la primavera de 2014 en Reims, Francia. Mi vientre dejó de sentir sus latidos tres meses más tarde. Prisionera del lenguaje, tuve que aceptar un sistema de comunicación nuevo, lleno de palabras y de términos desconocidos. Llorar en la farmacia ante quienes nunca han conocido los límites del lenguaje. Llorar frente a la secretaria al no comprender, no querer comprender, ese campo léxico nuevo. Extranjera, oídos nuevos antes cómplices de los eventos. Fausse couche, parto falso. Palabras murmuradas por mujeres entre pasillos blancos. Extranjera de un campo léxico macabro. Extranjera, ajena, enajenada

*

"Se coucher" o "acostarse". [El mundo empieza al acostarse]. "Coucher avec quelqu'n" (ese verbo-preposición-complemento ya universalmente conocido) o "acostarse con alguien". [Acostarse con alguien, la pequeña muerte y un orgasmo, el principio de la vida]. "Accoucher" o "parir". ["Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos".] "Fausse couche" (ese parto falso) aborto espontáneo [Una mujer de cada cinco es una estadística]. "Changer les couches" o "cambiar los pañales". 

Los orígenes del universo, el misterio de la vida, nacen en francés con la palabra couche. 

*

Dicen que hace tiempo que reconoces nuestras voces- ¿acaso sabes de lo que te hablamos, algunas noches, desde la cama? 

*

Encías sangrantes, náuseas, cansancio. Mis quejas se han sedimentado en el fondo de una estrella que contiene todos los universos. Encías sangrantes, náuseas, cansancio. Mis quejas ya no son más que un eco lejano. Ahora sólo quiero conocerte. 

*

Digan lo que digan, uno más uno son tres.  


Thursday, October 1, 2015

[ Monitoring ]

En teoría faltan seis semanas para que podamos vernos, aunque a partir de ahora podrías aparecer en cualquier momento. Tu cuarto está sin hacer, tu cuna es de momento una maraña de madera blanca; nuestros libros cubren el suelo de lo que pronto ha de ser tu espacio. Somos padres indignos. 

*


Ayer, en el hospital, ese sitio blanco y lejano donde vamos a pesarnos, medirnos, mostrarnos, abrirnos de piernas, informarnos, yacer en la oscuridad sin hacer más preguntas de las establecidas en el protocolo, en fin, ayer, en el hospital, tuve miedo de que te hubiera pasado algo. Las hipocondrías son más o menos llevaderas cuando eres una sola persona, pero desde que somos dos es un sentimiento insoportable. Así que, preocupada por ese líquido extraño que cubría el algodón, pedí ayuda a la enfermera y decidieron conectarme y hacer lo que llaman un "monitoring". Así pude yacer casi tres cuartos de hora en la sala fisiológica, que es donde me gustaría tenerte, eso es, si la intensidad no es demasiado fuerte, si conseguimos sobreponernos a la muerte y todo va bien. Durante media hora estuve escuchando tus latidos, que oscilaban entre las 130 y las 160 pulsaciones por minuto.