Tú. Dime cómo puedo volver a llamarte "tú". Revisa los cuadernos, los diarios y las hojas sueltas en las que te escribí el año pasado. Te llamé "tú". Desde el primer día te escribí. Desde el primer día te reconocí en el espejo. Fuimos hermanas. Tú hablabas y yo te escuchaba, y viceversa. Te escribí y te canté y te hubiera dibujado si hubiera sabido hacerlo, tan segura estaba de tu localidad exacta en lo más bajo de mi vientre. Era el principio de la primavera, y yo te tuteaba sin respuesta. Sabiendo que la respuesta no era necesaria. Pero de un día al otro la sangre comenzó a manchar nuestras palabras. Yo te seguía tuteando. Yo te tuteaba. Él se convirtió en "tu padre", y osé hacerme verbo: "tu madre". Pero hasta que la sangre no empapara del todo el algodón blanco, yo no sabría yo no intuiría todo lo que en mí se estaba muriendo. No eras más que un centímetro de carne, pero te habíamos acariciado tanto, te habíamos nombrado tanto, que de repente a tu ausencia ya no pude llorar: "tú".
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